Juan Salas: "Toda mi vida fui colectivero, es mi vocación y mi manera de vivir"

Juan Salas: “Toda mi vida fui colectivero, es mi vocación y mi manera de vivir”

Desde que tenía 10 años soñó con ser colectivero y hoy, con más de tres décadas al volante, Juan Salas sigue recorriendo rutas con la misma pasión. Su historia es la de una vocación inquebrantable, forjada en la admiración, el sacrificio y el amor por un oficio que, asegura, le da sentido a su vida.


Por Joaquín Seguel

Su camino como chofer comenzó en La Parra, en su casa sentado al lado de la ventana para ver pasar los colectivos de la empresa Alto Valle. Los miraba con admiración, soñando que algún día él también estaría detrás del volante, recorriendo caminos con su valija de pueblo en pueblo.

El primer ídolo de Juan no fue un jugador de fútbol ni un músico, fue Fabián Berrios, el chofer que lo llevaba a la escuela, cuando tenía 10 años, “Yo lo veía a él con toda esa buena onda que tenía, de llevarnos y traernos. Eso hacía que me gustará más la idea de ser colectivero”.

La vida le devolvió ese vínculo años más tarde, cuando ya como profesional al volante, reencontró a su ídolo, trabajando para la empresa que tanto admiraba desde chico, Alto Valle, “Fue increíble encontrarnos ahí, yo le conté que lo seguía desde chico, que fue mi ejemplo y me di el gusto de compartir varios viajes junto a él”, expresó.

Salas se formó en el oficio desde la observación, la curiosidad y el diálogo, “Siempre fui preguntón, me gustaba saber por qué se hacían las cosas. Así fui aprendiendo de cada chofer y de cada viaje”, cuenta. A los 21 ya estaba en la ruta, y no cualquiera, recorría desde Buenos Aires hasta Esquel y desde Neuquén cruzaba a Temuco, en Chile, haciendo viajes de cientos de kilómetros.

Pero la vida en la ruta también tiene su precio “La verdad es que nunca estaba en mi casa, estaba cansado de pasar las fiestas solo, de no estar nunca con la familia asique decidí buscar otro trabajo para quedarme en la zona”, relata. De esta manera llegó a la empresa Pehuenche, luego de 18 años en la compaña de viajes de larga distancia. En esta empresa, en la que aun trabaja, hacia viajes de media distancia, desde Chañar a Neuquén.

Sin embargo, la rutina doméstica lo abrumó, “No me banqué la vida en casa, soy un tipo muy solitario, aunque no lo parezca, me gusta el silencio, cuando estoy solo no prendo ni la tele”, confiesa.

Este cambio de vida destruyó su matrimonio, “Un día me di cuenta de que estaba cansado, que necesitaba de los viajes y del tiempo para mí”, relata, por este motivo de un momento a otro se separó y nunca más volvió a su hogar.

Hoy, Juan maneja líneas con menos tránsito y con mucha más tranquilidad, “El tráfico pesado no me gusta mucho, estoy acostumbrado a estar en movimiento, pero sin caos”, explica.

A pesar del paso del tiempo, la vocación no se desgasta

“Me operé la rodilla hace tres meses, y no aguanté el reposo, pedí volver antes porque extrañaba trabajar” dijo, mostrando su amor por su trabajo.

Además, el chofer deja muy en claro algo, la profesión no se vende, “A mí me pueden ofrecer el mejor laburo, el mejor sueldo, y digo que no, porque yo soy colectivero”, relató con orgullo.

Este amor por el oficio lo demuestra todos los días hace más de 33 años y aunque ya este cerca de poder jubilarse, tiene en claro que el colectivo aun lo necesita, “Me faltan tres años para jubilarme, pero seguro sigo hasta, al menos, los 58 años”.

En su mirada, también hay una lectura lúcida del cambio social, la desconexión de los pasajeros, los auriculares que sustituyen las charlas y el desapego, “Hoy la gente va en su mundo, antes más gente se acercaba a charlar y eso poco a poco se está perdiendo, por el uso de la tecnología”. Pero, aun así, Juan sigue saludando a cada pasajero, respondiendo con amabilidad y manteniendo ese contacto humano que es tan valioso para él.

Sin dudas, Salas cumple un gran rol en la sociedad, llevando con responsabilidad y precaución a cada pasajero a su destino y en cada viaje existe una historia distinta, como cuando se reencontró con una joven que llevaba a la facultad y hoy en día es docente, “Eso me hace sentir que cumplo un rol en la sociedad, llevar un policía al destacamento, un enfermero al hospital, un estudiante a la facultad o a una persona al trabajo, eso es lo que más me gusta” declaró con alegría.

Juan es un testimonio vivo de una vocación que no descansa, “Este trabajo te tiene que gustar mucho, te saca cosas, pero te da muchas otras lindas, para el que se anima, es una vida hermosa”.

Y aunque los paisajes cambien, el tránsito aumente o los pasajeros se desconecten, hay algo que permanece inalterable, su amor por el colectivo, porque para él, cada jornada no es solo un turno de trabajo, es lo que le da vida.

Comentarios

  1. Ojalá todos los colectiveros fueran como Juan 👏🏼

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  2. Aunque ya no viajo en cole (viajé a Cipolletti mientras estudiaba y luego 14 años a Cordero a trabajar), mis hijas sí lo hacen y, por lo que me cuentan, no es como en aquellas épocas. Felicitaciones a Juan y a Joaquín por esta linda historia de vida. Mucha nostalgia 😔

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